miércoles, 30 de julio de 2008

Un día normal en el mundo del consumidor

Dibujo: Ramiro Vitnazi
Por Yanina Miranda



Frente al gran mercado que nos ofrece este mundo globalizado al que podemos acceder infinidades de bienes y servicios, existen varias normas que regulan y protegen al consumidor ¿Pero conocemos estas leyes que nos protegen de las circunstancias que cotidianamente nos juegan en contra a la hora de adquirir un producto?

Ser consumidor no es nada fácil, vea. Se trata de, ante cada paso que uno da, toparse con una tentación diferente.
Pero no solo eso porque la cosa no termina cuando uno sacia su deseo irrefrenable de comprar (muchas veces cosas que no necesita) sino que generalmente los dolores de cabeza recién empiezan.


Cada mañana, desde que abrimos los ojos, nos encontramos con un mundo que nos ofrece “cosas” de una u otra manera, y nosotros, de una u otra manera, las consumimos sin tener en cuenta nuestros derechos, claro.


Propongo entonces que un día cualquiera usted vaya más despacio y vea que, con cada compra, puede haber un derecho como consumidor que se viola. Si no me cree, le cuento un día de los míos...



Día uno, y con uno solo basta...


08:00hs. Suena el despertador. Usualmente iría a trabajar pero hoy pedí permiso porque a las 9 van a llegar unos muebles que compré y en casa no hay nadie.

09:30hs. Los sillones no aparecen. Igualmente siempre se atrasan, ¿no?

10:30hs Bueh, no puedo esperar más. Los benditos muebles no aparecen y no puedo demorarme más en el trabajo.

13:30hs. Vuelvo a casa y espero encontrarme con algún mísero papelito que diga que el flete vino con los sillones, pero nada. Solo encuentro facturas que ya pagué. Se equivocaron de nuevo!

17:30hs
. Yerba, leche, media docena de huevos, listo. Creo que no voy a comprar nada más. Salgo de casa y mi hermano se quedó por las dudas de que lleguen los sill… mejor no lo digo, por las dudas.

18:00. Dejo el coche a una cuadra del centro para caminar un poco y ver alguna que otra vidriera, pero me doy cuenta que en ninguna de ellas están los precios. Bueno, vamos a ser más piadosos: en casi ninguna. Alguna vez creo haber escuchado que es obligación exponer los precios, pero bueno voy a entrar igual, ese pulóver me gustó.
"Efectivo $50, tarjeta $65", me dice la dueña del comercio. Cargo adicional por comprar con tarjeta. Eso nunca lo entendí.

19:00hs. Me voy al supermercado, compro las cosas ahí y de paso participo por un concurso.

20:00hs
. ¿Por qué lo indispensable, lo que uno siempre busca en un supermercado esta en la última góndola del lugar?. Llegue a la caja, con yerba, leche, huevos, un jarrón marrón de adorno, una máquina exprimidora (uno nunca sabe cuando la puede llegar a necesitar), y algunas otras cosas más como medias, un osito para mi sobrina, un destornillador, etc.


Pago y me dan el “deseado” cupón que promete un espectacular televisor de plasma. Lo lleno con mis datos, y leo en marco del papel: "Sin obligación de compra". (¿Me lo daban igual si no compraba...?)


Salgo para el estacionamiento del súper donde deje mi auto y veo que me forzaron la puerta; entraron y me robaron el estereo. Al lado de mi auto hay un cartel que dice bien clarito: “La empresa no se hace responsable de cualquier daño que se produzca en cualquier vehículo”. ¡Buenísimo! (¿qué se puede decir?).
Voy a un locutorio y llamo a mi hermano para contarle lo que pasó. 23 centavos es lo que debo pagar según la máquina que regula el tiempo.


¿Cuanto paga uno?: Si, adivinó!: 25 centavos. ¿Y el vuelto?. Bueno, son dos centavos nada más.

22:00hs
Llego a mi casa, una buena: trajeron los sillones. ¡¡Son de pino!! No, pero yo los pedí de algarrobo! Se los van a tener que llevar otra vez y traerme los que compré pero tengo que pagar el flete. ¿Me corresponde a mí?

23:30hs
. Me acuesto, mañana será otro día ¿Igual?