jueves, 24 de abril de 2008

Cómo ser joven en un pueblo chico y no envejecer en el intento

Por Rolando Arrizabalaga y Lorena Suárez

Si existe una etapa compleja e intrincada en la vida del ser humano esa es la de la juventud, en sus distintas etapas. Los miedos, las inseguridades, el asomarse a un mundo nuevo y desconocido hasta entonces, la dependencia, el sexo, los vínculos, las responsabilidades, todo eso conlleva el entrar, transitar y salir airoso de la etapa más maravillosa de la vida de un ser humano. Si a este cuadro de situación se le suma que esa etapa deberá ser transitada en un lugar como Carmen de Patagones, con sus particularidades de pueblo chico, sus vivencias cotidianas, sus dolores y su historia la cuestión se torna más especial.
Ser joven en Carmen de Patagones, como en cualquier lugar de características similares, no es igual a serlo en una ciudad grande, con todo lo que eso conlleva.

La mitad del vaso vacío


En una encuesta que hizo este medio a jóvenes de la comarca que tienen entre 15 y 25 años, descubrimos que viven una realidad en muchos casos similar: la búsqueda, la experimentación, los sueños, las utopías y las necesidades. En un pueblo chico, alejado de las grandes vidrieras y las grandes ofertas culturales, educativas y sociales, esto se potencia desde el punto de vista de las limitaciones de la oferta y la demanda. Un joven de un pueblo como Carmen de Patagones tiene demandas similares a la de un joven de cualquier otro lugar pero no tiene acceso a las mismas ofertas. En muchos casos esto hace que los jóvenes deambulen sin un rumbo fijo, buscando a ciegas lo que no pueden encontrar. Las actividades culturales se limitan básicamente a la oferta desde lo institucional. En lo educativo el joven tiene que elegir entre las escasas alternativas que la comarca ofrece y en lo social los vínculos se establecen a partir de la concurrencia a determinados lugares que los nuclean a riesgo de quedar excluidos. De aquí se desprende que las distintas capas sociales se vinculan, no por el dinero, sino de acuerdo a los lugares que acceden.

La mitad del vaso lleno


Las personas que transitan esta etapa de la vida alejados de los grandes centros urbanos están de alguna manera exentas de determinadas cuestiones como las drogas duras, la violencia social o la miseria extrema. Según las encuestas, la Comarca hace que los jóvenes, precisamente vivan de otra manera, con otros tiempos, otras tentaciones, otras ofertas y realidades. Los lugares vinculantes –la costanera, el río, los cibers o la calle del centro- ofrecen una exposición diferente a la del joven de una gran ciudad.
Deambular por la ciudad a cualquier hora, estar ajenos a los peligros de robos en las calles o secuestros extensivos, a la violencia de “ghettos” sociales y tantos otros ejemplos hacen que los chicos de estas dos ciudades transiten su etapa formativa en un clima más relajado que en la gran urbe.
Así los jóvenes de Carmen de Patagones, por citar un ejemplo, se encuentran, se enamoran y se divierten en medio de un clima y una realidad muchas veces abúlica que los hace mucho más distendidos y hasta ingenuos que sus pares de las grandes ciudades tan acostumbrados a la paranoia y la desconfianza.

La marca ineludible de la sociedad


Carmen de Patagones está conformado por una sociedad con características sumamente particulares. De espaldas al resto del país desde su fundación y durante años, la sociedad maragata fue conformando su identidad de manera aislada y en muchos casos hosca respecto a otras ciudades chicas. En una sociedad muy estratificada entre quienes tienen y quienes no tienen tanto, las relaciones entre los hijos de quienes tienen y los hijos de quienes no tienen tanto se hacen en muchos casos muy particular, sumando a esto que los hijos de aquellos que tienen o pretenden tener solvencia económica se nuclean básicamente entre los dos colegios religiosos semi privados, mientras que los otros optan por el sistema estatal.
Esto, indudablemente y en una sociedad conservadora marcada por las clases, marca diferencias implícitas que a su vez marca las relaciones futuras. Este ejemplo puede extenderse a otros ámbitos como el deportivo, donde el “pertenecer o no “ se ve reflejado en quienes se vinculan a un deporte como el básquet que nuclea a las capas de las clases media-alta y quienes eligen otras alternativas algo más populares.
Por otra parte, la misma sociedad conservadora y tradicionalista se encarga de mantener a raya a aquellos “desaforados” que osen ir contra la corriente de lo establecido socialmente.
Si bien el transcurrir de los años ha ido modificando esto, hay ejemplos concretos: los comentarios maliciosos e intencionados de las señoras sobre el joven que usa pelo largo y arito, o sobre la adolescente embarazada o incluso sobre el desprejuicio de vestir ropa diferente están a la orden del día y es la comidilla diaria en pueblos chicos como Carmen de Patagones.

Cuando la tranquilidad se convierte en apatía


Al investigar sobre los jóvenes de la Comarca descubrimos que si bien tienen una vida mucho más tranquila, las diferencias de clases son más marcadas en los lugares chicos.
La misma tranquilidad en la que transcurren la mayoría de las existencias de los jóvenes de Carmen de Patagones hace que en muchos casos se transforme en apatía o desinterés por el progreso intelectual o social. La ciudad por su lado no ofrece demasiadas alternativas ni variantes que sirvan de contención para la legión de jóvenes que deambulan por Patagones buscando algo que los atrape o simplemente algo que hacer.
Las estadísticas oficiales que se encuentran en la Comisaría de Carmen de Patagones lanzan un porcentaje terriblemente alto de suicidios adolescentes. Son aquellos que, en muchos casos agobiados por la realidad, eligen cualquiera de los dos puentes que hermanan la ciudad con su vecina Viedma para terminar con su vida.


La falta de oportunidades, el futuro inmediato congelado o el agobio ante una sociedad clasista, conservadora y obsesivamente escrutadora, hacen a los jóvenes plantearse los objetivos centrales de sus existencias y en casos como estos, muchas veces elegir la peor opción para evadirse.