domingo, 15 de marzo de 2009

¿Un pueblo en extinción? - Stroeder: esperanza, impotencia y desconsuelo




Por Alejandro Azaroff


Gente que deja sus tierras y se va; otros que eligen pelear como pueden y se refugian en un anhelo de cambio para no verse obligado a partir del pueblo que los vio nacer.
Estos son algunos de los contrastes que manifiestan la inseguridad respecto a su futuro de los habitantes de la localidad de Stroeder, una localidad ubicada en el centro del partido de Patagones; los que se van y los que se quedan a pelearla para que el pueblo subsista ante la falta de lluvia en la región, que lleva varios meses.

Stroeder se ubica sobre el kilómetro 881 de la Ruta Nacional Nº 3. Es un pueblo que surgió a través de un visionario alemán llamado Hugo Stroeder, quien formó la colonia donde se emplazó la primera estación de ferrocarril de la Patagonia, un 11 de noviembre de 1913. Esta estación le dio al pueblo el sentido de su existencia, aunque el primer tren llegó a la localidad el 27 de octubre del mismo año.
En 1963 el Gobierno Nacional mandó a construir una planta de almacenamiento para depositar la gran producción que se cultivaba en los campos de la zona, convirtiéndose Stroeder en la planta de silos más austral del país por mucho tiempo.
Todos esos años en los que la localidad fue acompañada de proyectos de vida concretos y en pleno desarrollo junto a estructuras que enriquecían a la población y permitieron soñar con el crecimiento fueron pasando lentamente, y Stroeder, una de las zonas más importante para la producción triguera de la región, fue perdiendo protagonismo.
En la actualidad es, junto al norte del país, una de las zonas más castigadas por el clima y la sequía, lo que hace pensar a sus habitantes cómo seguir viviendo en la localidad.

Cómo se vive en Stroeder

Vivir en Stroeder hoy se ha tornado en una gran incertidumbre; muchos productores decidieron vender sus tierras y partir en busca de nuevos horizontes. Otros hicieron lo mismo con sus viviendas, y la mayoría de los que aun no se fueron especulan con hacerlo en cualquier momento.
Gabriel Ferrari, veterinario oriundo de Stroeder, eligió irse hace unos años pero volvió desde Santa Cruz a su pueblo natal. En una nota publicada por la agencia Noticias Argentinas, contó que “cuando pienso en el futuro me invade el desconsuelo. Hace cinco años pudimos regresar y me ha ido bien, no me quejo. Lo que me pone mal es pensar que tal vez tenga que irme otra vez de mi pueblo”, y aseguró que Stroeder tiene una “sucursal” en Ushuaia donde debe haber más de 50 o 60 personas oriundas de la localidad que decidieron cambiar el campo por el frío.

Apostar al lugar

La contracara de quienes emigran son aquellas personas que decidieron vivir en la localidad manteniendo sus fuentes de trabajo, con los altibajos que se generan por el desconcierto de la gente. Los habitantes dicen que el campo es la fuente de vida del pueblo y esperan por las lluvias que, según ellos, mejoraran la situación.
Juan es un carnicero que desde hace 20 años tiene su negocio en uno de los barrios más alejados del centro. Junto a Carmen, su esposa a quien todos conocen por “Chocha”, contaron su experiencia de vida en un pueblo al que algunos consideran en desaparición.
“Si hiciesen el proyecto de riego del que se viene hablando hace rato, Stroeder se va para arriba”, afirmó con la esperanza puesta en esa obra y confiando íntimamente en que todo va a salir adelante.
Carmen también se muestra esperanzada, aunque un poco más frustrada por la realidad que les toca vivir a todos los habitantes de la localidad y del partido, porque la situación de Stroeder es una cuestión que se extiende a la mayoría de los pueblos de Patagones.
La pareja inseparable trabaja muy bien en su mercado, ya que a través de los años supieron cosechar esos buenos clientes que siempre vuelven a comprar.
“Vender se vende; hay días en los que se trabaja bien y hay días que no, pero cuando llueve empieza el movimiento en el pueblo, porque acá todo gira en torno al campo”, contó Juan.
El y Carmen, pensando en el día de su jubilación y en lo que pueda pasar en el caso de tener que vivir sólo con el dinero del mercado, decidieron construir un departamento en el patio para alquilarlo y contar con otros ingresos. Como una paradoja, en un pueblo donde muchos quieren irse, otros apuestan por quedarse y confían en la llegada de personas que pretendan alquilar su departamento para vivir en la localidad.
Porque, aunque parezca mentira, en Stroeder hay gente que busca un sitio donde vivir.


Jóvenes de pueblo

Otra de las consecuencias de vivir en una localidad como Stroeder, es ser joven y no tener un lugar para divertirse. Los más grandes, quienes tienen la posibilidad, viajan a los puntos más cercanos -Pedro Luro, Villalonga o Viedma- en busca de boliches bailables. Quienes no pueden acceder a esa alternativa se conforman con charlar en la plaza y recorrer los bares del pueblo para matar el tiempo y el aburrimiento.
Diego, un adolescente de quince años, opinó que vivir en Stroeder “es un embole” porque no hay buenos lugares donde los jóvenes puedan salir a disfrutar de la noche. Contó que los fines de semana se juntan en la plaza con sus amigos a charlar y después van a una confitería, la cual se llena de chicos dejando al lugar sin espacio.
“Muchos esperan que el pueblo levante por el tan esperado proyecto de riego, pero no creo que se concrete. Stroeder se va a convertir en un desierto”, concluyó Diego.