domingo, 15 de marzo de 2009

Cambios reales - La clase media desmoronada y olvidada



Por Maria Eugenia Mauna


Durante los últimos diez años, la economía argentina sufrio un importantísimo deterioro, hasta el punto de re delimitar lo que en algún momento fueron las clases sociales: alta-media-baja.

Hoy existen más de una subdivisión en cada una de estas clases, pero mas allá de los grandes estudios que desbordan las librerías acerca de “los nuevos pobres” es simplemente indignante llevarlo a la realidad, y darnos cuenta que las mismas personas que hace diez años en la república argentina tenían acceso a una vida “normal”, hoy no llegan a obtener los requisitos mínimos para la obtención de la canasta básica que superan los 1000 pesos mensuales y menos en planificar construir el sueño de toda familia: el hogar, la vivienda propia.
La magnitud de la indigencia y la pobreza es el nuevo dato de la realidad social argentina. Una gran parte de los más de 20 millones de pobres provienen de la extendida clase media que en los últimos años se fue quedando sin empleo, o simplemente pasó a desempeñarse en las ya famosas "changas".
Lentamente, estas familias fueron consumiendo todo o gran parte de su capital o patrimonio anterior pero siguen perteneciendo a la clase media, más por su pasado que por su presente incierto.
Al compás de las sucesivas crisis económicas, fueron surgiendo nuevos conflictos que tuvieron como tristes protagonistas a los antiguos integrantes de la clase media quienes, ante la imposibilidad de tener su espacio propio, optaron por usurpar terrenos.
Son los nuevos pobres los que hoy usurpan tierras para poder cumplir con su sueño de la casa propia sin tener que dejar de vivir para adquirirla.
En Viedma hechos como estos se dieron a lo largo de los años pero actualmente se ha acentuado como forma de protesta por falta de alquileres o abusos por parte de los dueños de los inmuebles en cuanto al incremento ilimitado del costo mensual de la vivienda.
La última toma de terrenos en la capital rionegrina se encuentra en el barrio Santa Clara.
Al acercarnos y hablar con Javier Zapata, delegado elegido por los propios compañeros de toma, nos comentó que algunos se organizaron en grupos y otros, por la casualidad y la necesidad de obtener un terreno, se fueron acercando en busca de una solución.
Zapata contó que la toma comenzó el 18 de febrero y agregó que “fue una manera de reclamar por la falta de alquileres y lo mucho que se aprovechan los dueños de las casas, dado que no existe un ente que regule los precios de los alquileres”.
En un comienzo fueron aproximadamente 400 las familias que se acercaron a ocupar estas tierras, que en su gran mayoría son fiscales y otras privadas.
Sin embargo, actualmente existen unas 200 familias en condiciones de usurpación.
“Por distintos motivos se fueron alejando algunas de las familias; mucho apriete por parte de los jefes de trabajo” comentó y agregó “hasta gente del BORA (brigada antimotines de la policía rionegrina) había tomando tierras con nosotros pero tanto por cuestiones políticas como de trabajo se tuvieron que ir”.
Por otra parte Javier Zapata junto a Ana, otra de las que comparte las misma situación que el resto de las familias, explicaron que “la mayoría de los que estamos hoy usurpando somos gente trabajadora que cumplimos con la sociedad, pero no tenemos la posibilidad de adquirir un terreno para la construcción de nuestra vivienda, dada las malas condiciones de trabajo, los sueldos bajísimos y los alquileres inalcanzables”.
Por su parte Javier nos contó acerca de su situación personal: es empleado de educación y el resto del día completa las horas haciendo diversas “changas”. Actualmente paga un alquiler de 900 pesos, y en marzo se le incrementaría hasta los 1.200. En este sentido explicó que “mi situación es similar a la de muchas familias, y se torna insostenible, porque yo tengo dos hijos, una nena de 7 años y un nene de 12, ambos en edad escolar, y la situación se hace cada vez mas difícil, por que además de pagar las cuentas uno tiene que comer y vestirse, sobre todo a mis hijos”.
La situación de Javier Zapata es similar a la gran mayoría de las familias que hoy se encuentran ocupando tierras ajenas, tanto en el barrio Santa Clara como en barrio 30 de Marzo el cual se fundó en el 2008 cuando más de 200 familias que no podían pagar los excesivos alquileres comenzaron a movilizarse hacia ese sector del barrio Mi Bandera para ocupar terrenos fiscales y de esa manera luchar para que desde la Municipalidad le otorguen la tenencia de las tierras y comenzar de a poco a construir su tan deseada casa.