lunes, 26 de enero de 2009

Sonoridad Andina

Melodías de solidaridad e identidad
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En la escalera n °35 del Barrio Guido de la ciudad de Viedma, se encuentran ellos, esas almas que encuentran su esencia con el sonido del viento, que encuentran un lugar para poder ser, para poder sentir, jugar, y al mismo tiempo ver un futuro en el cual puedan desarrollar su actividad, la música.
*Por Yanina Miranda





Son cuatro los profesores que llevan el proyecto de generar un espacio de socialización, de solidaridad, de contención, que tiene también como objetivo la formación de una identidad y de construir un vínculo de comunidad dentro del mismo grupo y para la sociedad. “La música es una excusa”, comentaron los profesores, ya que a través de ella se logra un espacio de referencia, un espacio de construcción humana. Ellos explicaron que la música cumple un proyecto social.

Comienzo

Festejando el cierre de fin de año de los talleres, Martín Vinaya, uno de los profesores de Sonoridad Andina nos comentó como surgió el grupo, la fuerza y el cariño que este mismo tiene. “Al principio mi padre estaba haciendo algunos trabajos en el Barrio Guido y me sume junto con Roberto Martínez” y agregó a esto “Sandro Martínez estaba trabajando en el galpón amarillo, ya tenía un proyecto escrito que trataba la construcción y el armado de instrumentos de viento”. Cada profesor por su parte ya realizaba algún trabajo con respecto a la música y al compromiso con los chicos. Algo se estaba gestando.

“Llamamos a Sandro y le preguntamos si podríamos trabajar juntos en el barrio y nos dijo que si, así que enlazamos nuestros conocimientos y así surgió Sonoridad Andina”. El profesor explicó que se acompaño con lo que se sabía, guitarra, más los instrumentos de viento y un poco de percusión. Sonoridad Andina justamente es la conformación de todos los instrumentos andinos que hacen a la temática de estos profesores y con relación a esto Martín focalizó: “Como proyecto tiene de objetivo generar espacios de socialización y prevención comunitaria, utilizando la música para ello”.

Al principio el grupo contaba con 8 chicos que al tiempo se fue solidificando en cuanto a producción musical “la producción musical era importante, así que dijimos hay que salir”comentó el profesor.

Los primeros escenarios fueron en las escuelas de los mismos integrantes del grupo, una forma de afianzar su identidad al mostrarse en su comunidad. A partir de ahí Sonoridad Andina comenzó a compartir su música a diferentes públicos, comenzó a difundirse el espacio.

El año pasado terminaron con alrededor de 25 presentaciones en jardines, escuelas, encuentro culturales y otros lugares.

Una familia

Trabajar cotidianamente con chicos y amigos, implica crear un vínculo especial dentro de la labor, la subjetividad subyace en el marco del cariño y éste es un ingrediente mas que hace justamente especial al grupo, no sólo en relación alumno-profesor, sino en referencia a una relación de igualdad, de integración. “Nosotros propusimos el espacio, el resto lo hacen los chicos” resumió Martín a esta relación que se entablan con los chicos y entre los mismos profesores.

En la actualidad tienen un grupo de aproximadamente 25 personas constantes, comprometidos con los talleres. Martín explicó que esto se debe al amor por lo que se hace y esto lo captan los chicos, lo adhieren y justamente lo que conlleva al compromiso y la entrega en la música. “Hoy los chicos escuchan música andina, es parte de su identidad, ya no es de los Incas, de los Quechua, ya es de Braian, de Dolores, de Carla, ya no es del norte, es de acá, del barrio”.
A varios alumnos se les preguntó qué era para ellos Sonoridad Andina y resumieron su sentimiento en una palabra, “familia”.

Rosa Ochoa mamá de uno de los alumnos comentó: “estoy feliz porque los chicos encontraron un lugar, tienen una educación, se le inculcan valores, respeto, solidaridad y a los profesores les voy a agradecer toda la vida, porque esto es una ayuda muy grande para las madres que estamos solas”. Emocionado, con la vos quebrada por las lágrimas que resignifica el esfuerzo, la energía, el amor que se le da a este proyecto, Martín Vinaya comentó: “Yo he dejado parte de mí acá. Para mí esto es una familia, un espacio de encuentro”. “Apuesto a Sonoridad Andina, porque es una herramienta de cambio social y de transformación”, finalizó.

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*Sonoridad Andina se desprende como una rama más del Centro de Promoción Familiar La Casita de Nehuen junto con el Ministerio de Familia y la unidad Adolescente del hospital Artemides Zatti, dentro de este proyecto existen otras actividades como football, un taller de murales, taller de costura reparadora, de apoyo escolar, actividades que tienen como objetivo mejorar la calidad de vida de la comunidad, junto con la integración de la familia, y la solidaridad como valor primordial.
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¿Felices Fiestas?
La navidad de la Comarca
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Y si… ya estamos en enero, las fiestas navideñas pasaron a ser un recuerdo más, pero qué sucede en esas fechas de celebración espiritual que en la actualidad son una mercancía para muchos y han perdido el verdadero valor religioso.



*Por Maria Eugenia Mauna
maruhuilliches@hotmail.com

Dibujo: Ramiro Vitanzi
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Compro y luego existo

Hace años la navidad se vivía plenamente, eran momentos en los cuales se les trataba de explicar a los más pequeños como fue el nacimiento de Jesús en el portal de Belén, la llegada de los reyes magos siguiendo la estrella fugaz y haciéndoles sentir que no es únicamente un período del año en que se dan regalos, sino una época especial para vivir en familia y con las personas amadas. Sin embargo en esta época existe la tradición de hacerse regalos, algo que las empresas no podían dejar pasar por alto. Estas fiestas se han convertido en un tiempo de consumismo inmoderado. Llegando fin de año nos vemos invadidos por los turrones, pan dulce, juguetes, anuncios y más anuncios. Somos victimas del consumismo que, a pesar de todo, cada vez más lo incorporamos como una necesidad.

Días antes de la llegada de la navidad, recorrer las calles de la ciudad, es un verdadero caos. Los centros comerciales invitaban a acercarse y a observar las primeras promociones de calzados, remeras, pantalones y algún que otro artefacto domestico. Sin embargo con el correr de los días nos damos cuenta que esas “promociones”, no son tales, ya que una vez que pasan las fiestas, además de aumentar 15 kilos en menos de 24 horas, caemos en la cruda realidad, y parece ser que eran productos viejos, remeras ochentonas (literalmente hablando) pero como éstas están tan a la moda, bienvenidas sean, y nos compramos dos al precio de tres.

Es así como vivimos inmersos en un mundo de consumismo exagerado y vulgar que poco tiene que ver con aquellas primitivas costumbres de valores de solidaridad, paz, compasión y amor que nos trajo el niño Jesús de Belén el cual, nos guste o no, nació pobre.

El mercado con su consumismo se nos impone, nos manipula de manera prolija y deseable para vender cada vez más, lo hacen a través de sus eternos cómplices; las agencias publicitarias, las cuales son verdaderamente ingeniosas y llegan a lavarnos el cerebro, nos satura los sentidos, haciéndonos creer que lo primordial es llenar el árbol de navidad de regalos y nos invita a comprar cosas que frecuentemente son innecesarias y superficiales.

Por otro lado es interesante reflexionar acerca de cuantos son los verdaderos cristianos que participan en los festines religiosos de Navidad y más inquietante es saber si en épocas navideñas reflexionamos y sabemos ver en el rostro de Cristo a los pobres de hoy, a los millones de niños víctimas del SIDA, hambrientos, enfermos, pobres y marginados , como así también a las mujeres abusadas explotadas o sufriendo por sus hijos que tal vez estén en las drogas, presos o alcohólicos.

La navidad debería significar, un momento en el cual las personas acostumbren a dar lo mejor de si mismo en beneficio de los demás, o simplemente la llega de ese momento tan esperado en donde con la excusa de alzar las copas y brindar con aquellos que durante todo el año no vio por distintos motivos de la vida, y sobre todo, desear mejor año a sus seres queridos, pensando siempre en que el futuro sea mejor que lo que vivimos en ese presente, tanto para uno como para el resto de la sociedad. Precisamente son estos momentos los más valiosos y a los cuales no se les puede dar un valor económico, sino más bien la continuidad para que por lo menos sirva como excusa para una unión universal.

Un golpe real, con espíritu navideño


Aunque la canasta navideña en este 2008 tuvo su propia versión oficial, la cual no debería haber superado los $ 9,00, esta parece no haber llegado nunca por estos “pagos” y recorriendo las góndolas de comercios locales fue evidente que se pudieron encontrar precios variados a la hora de “llenar” la mesa navideña, pero la realidad fue que aun si uno optaba por los artículos mas económicos ofrecidos en las góndolas, para adquirir un Pan Dulce, una Sidra, un budín, una bolsa de garrapiñadas y un turrón de maní, debió gastar cerca de los $ 14,50, algo más de lo propuesto por la Presidenta en su discurso en donde presento el “KIT NAVIDEÑO”. En el mismo discurso, la jefa de Estado aseguró que la oferta de canastas navideñas, acordada con supermercados y almacenes, incluye un "compromiso" de seguimiento de "la evolución de precios"; parece ser que por estos lados, fueron pocos (por no ser tan negativos) quienes respetaron estas medidas y las ofertas que se ofrecían duraron poco tiempo en las góndolas dada la gran demanda de las mismas por parte de los consumidores.

Una charla sobre Artémides Zatti
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En la edición número tres de la revista Huilliches, publicamos una nota titulada, “El enfermero Santo”. En este articulo, retomamos esa senda para contar sobre el viaje que emprendió Esther Zatti, sobrina-nieta de Artémides, quien estuvo en Viedma para cumplir una promesa a “su tío”, como su familia lo menciona.


*Por Alejandro Azaroff



Esther, junto a su esposo Jorge, realizaron un viaje relámpago con el sólo objetivo de visitar la capilla Don Bosco, donde se encuentran los restos del beato. Llegaron el viernes nueve de enero y el sábado diez regresaron a San Martín, provincia de Buenos Aires, no sin antes contarle a Huilliches sobre el parentesco con el “enfermero Santo”.


Con Jorge entablé diálogo a través de Internet, cuando consultaron en qué momento podrían visitar la Capilla Don Bosco, porque su mujer es sobrina-nieta de Artémides Zatti y tenía que venir a cumplir una promesa. Según comentaron, el santo impidió que Esther contraiga una enfermedad.

Inmediatamente averigüé horarios y días y respondí el mail. Llegaron a Viedma el viernes a las seis de la tarde y el sábado a las diez se comunicaron conmigo. “Estamos en la capilla, y ya nos tenemos que ir a Buenos Aires, podes venir ahora si querés conversar con Esther”, me dijo su marido, inmediatamente fui a su encuentro.

Crucé a Viedma en bicicleta y llegando al lugar, vi las dos figuras paradas en la puerta del edificio. Bajé de la bici y pregunté: “¿Jorge?”, a lo que me respondió, “si, ¿vos sos el periodista?”, Debo reconocer que con una bermuda roja, alpargatas negras, musculosa y gorra, parecía más un turista en la playa que un periodista, “si soy yo”, les dije, los saludé y empezamos a conversar.

Esther contó que ella no conoció personalmente a Zatti, sino a su abuelo, hermano de Artémides. “Él ya estaba en Viedma recorriendo hogares con su bicicleta visitando gente enferma”, comentó llevando el orgullo en la sangre de las acciones concretadas por su tío-abuelo.

También me preguntó si conocía los dos libros que habían escrito sobre él, le respondí que no y me dijo que uno lo hizo Raúl Entraigas, un cura fallecido que estuvo en la iglesia de San Carlos, ubicada en Almagro, la obra se llamo “El pariente de todos los pobres”, en cuanto al otro libro, no recordó al escritor.

Le pregunté a la señora por qué la promesa, a lo que me respondió que la realizó en un momento difícil, antes de que le diagnosticaran una enfermedad. “Gracias a Dios no apareció esa enfermedad, el pronóstico era complicado, pero erróneo y la cuestión es que no tuvo consecuencias”, comentó.

Jorge también participaba activamente de la conversación y sobre la promesa, confesó que tendrían que haber venido el año pasado, pero no se pudo concretar y llegaron ese viernes a Viedma. Repitió las textuales palabras de su mujer para conseguir el objetivo de viajar. “Yo hice una promesa al tío y tenemos que cumplirla”.

Esther retomó el protagonismo de la conversación y contó que todos los días quince de cada mes, concurren a la iglesia de San Carlos, ubicada en la calle Hipólito Irigoyen a dos cuadras de Boedo. Interrumpiendo a su señora, el hombre dijo, “nosotros conocemos bastantes iglesias en España que son imponentes, pero esa es la iglesia más bonita que aprecié hasta ahora y está en Buenos Aires”, afirmó metiéndose de lleno en el cuerpo de la nota.

Volvió la mujer a encausar el diálogo y dijo que en la iglesia de San Carlos, las misas que dan los días quince, se realizan en honor a Zatti. “Dan la unción para los enfermos, se ponen en rueda y se dirigen todos al altar donde se encuentra el tío, el altar es majestuoso”.

Me contaron que estuvieron varias veces en Viedma y que habían visitado la catedral, ubicada frente a la Plaza Alsina, pero esta vez se sorprendieron al ver el cuadro que le hicieron al beato. “No lo habíamos visto nunca, es muy parecido al que está en la iglesia San Carlos en Buenos Aires, quizá es un poco más grande”, acotó Jorge.

Habló Esther y dijo “el tío era uno de los enfermeros que atendió a Ceferino Namuncura, porque él tenía la misma enfermedad que tuvo Ceferino, tuberculosis”. Siguió con su relato y citando nuevamente al libro, “El pariente de todos los pobres” contó que está publicada el acta de defunción escrita de puño y letra del propio santo, la cual realizó hasta el día de su muerte, cuando puso en su última escritura la fecha al final de su vida.

Concluida la entrevista, Esther posó para la cámara junto al mausoleo de Zatti, mientras que Jorge se dirigía al auto a buscar una estampa del santo que siempre llevan con ellos. Me obsequió la oración y se despidieron para comenzar el largo viaje hacía su hogar.

Manos con historias para contar

Construyendo utopías
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Solo basta con hacerse un rinconcito de tiempo para poder explotar la imaginación, pode jugar y soñar, crear historias y meterse aunque sea por unos segundos en otra realidad, en la realidad de los títeres, y la realidad de esas manos que sostiene a esos títeres y que muchas veces olvidamos pero son ellas las que nos quieren contar algo.


*Por Yanina Miranda





Gabriel Sánchez y Mariana Duhagon se permitieron ese rinconcito, ya hace más de veinte años que juegan al mismo tiempo que trabajan, una unión que a muchos se les hace imposible conjugar, pero ellos si pudieron, volaron con su imaginación, se permitieron soñar hasta que ese sueño fue conformando con el tiempo su realidad.

En el balneario de la ciudad de Viedma, El Cóndor, se los encontró con sus títeres y sus historias desparramando por los lugres un poco de fantasías y utopías.

¿Hace cuánto trabajas con los títeres?

“Hace ya 25 años. En realidad mi formación tiene que ver con el teatro, yo soy director de teatro, para eso estudie. Pero un día conocí a un viejo titiritero y me interesó mucho porque es como el teatro, pero en vez de actores hay títeres y estos te dan algo que los actores no pueden, pueden volar, se les puede salir la cabeza… (Risas). Es decir te permiten entrar en el terreno de lo absurdo y de lo mágico. Y con el tiempo fui dejando de dirigir el teatro y me dedique a los títeres”.

¿En qué momento de tu vida decidiste crear títeres?

“Me fui a vivir a Ushuaia a dar clases de teatro y ahí me di cuenta de que no había nada para niños y lo poco que llegaba era muy malo y caro. Entonces me acorde de los títeres que había visto una vez y empecé, arranque con la primer función hace 25 años. despues el tiempo me llevó a dedicarme más a los títeres que al teatro, hasta que en un momento los títeres me absorbieron, porque encontraba público que es algo que el teatro no tiene, o tiene muy poco. Los títeres son masivos y populares, se divierten tanto niños como adultos, cada uno con su lectura. Empecé con los títeres, y cada vez me pedían más así que fueron tomando mi vida”.

¿Cómo conociste a Mariana?

“En ese andar con los títeres hace unos 20 años me encontré con ella en Las Grutas, estaba con un proyecto llamado “Santo de la luna”, un espectáculo bastante conocido al que se sumó Mariana. Estuvimos dos años de gira por Argentina y Chile, pero después seguimos caminos diferentes hasta hace tres años que nos volvimos a reencontrar. Arrancamos con un espectáculo llamado “los títeres del río” con todos técnicos de Río Negro. Este espectáculo fue elegido como mejor espectáculo infantil del 2008 por el premio a la comedia en la provincia de Buenos Aires”.


¿Se dedican exclusivamente a los títeres?

“Yo me dedico exclusivamente a ellos, pero Mariana da clases en el Centro Cultural de música, plástica, danzas. La idea es vivir de esto y seguir viajando, porque el oficio del titiritero esta ligado al viaje”.

¿Ustedes crean sus historias y a los personajes?

“Escribimos todo, puede surgir una historia a través de una idea o una necesidad. A mi particularmente me preocupa mucho el tema de la comunicación. Creo que hoy en día los seres humanos hemos perdido la facultad de hablar, de escuchar, y por eso intento transitar por todo eso, de que mis títeres hablen con el público y pretendo que escuchen. El tema es encontrarnos en la palabra, básicamente es eso, reencontrarnos, recuperar la comunicación, recuperar la ternura”.

¿Cuál es el mensaje que dejan las historias y los personajes?

El mensaje tiene que ver con las utopías, a pesar de que se hable del fin de ellas, de los sueños, de no poner límites a la imaginación, que todo lo que soñemos es posible. Al poder lograr lo que uno quiere, lo que uno desea, lo lleva a sentirse realizado.

¿Te sentís realizado?

Si, me siento absolutamente realizado, puedo vivir de lo que amo, viajar, conocer gente, descubrir culturas distintas y esto fue gracias a mis sueños, a partir de ellos pude construir mi realidad.
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Sólo sabemos sangrar

Si la eternidad es cuestión de pecados

Todos moriremos fusilados.

Nuestra decadencia es hermosa

Huele a cadáveres perfumados,

A sangre envenenada por un amor roto.

Sólo sabemos sangrar...

Nos hemos enamorado de un espejismo

De una lastima llamada esperanza,

Tan llena de tristezas y abismos,

Tan vacía de luciérnagas y estrellas.

Estamos a oscuras, estamos sin huellas.

Somos flores marchitadas

Sin jardín donde morir, sin pasión.

No miramos al sol, no soñamos la luna.

El fuego nos espera con todo su amor

Amor de ira, amor de desolación.

Sólo sabemos sangrar...

Antaño éramos un puñado de cuervos

Y hoy ya no tenemos nido.

Nos da placer degollar sueños,

Nos da placer desvirgar promesas.

La soledad nos regala... su asco y su vacío.

Hemos perdido el rastro de los dioses

Ya no tenemos sombra ni sentidos.

Estamos paranoicos, sentimos voces

¿quieres comerte mi cerebro?

¿quieres desterrar mi consuelo?

Sólo sabemos sangrar...

Deambulamos sin calles, corremos sin destino,

Hartos de la ira de la inconsciencia.

Sufrimos el dolor de Cristo y su camino

Comemos el fanatismo de la angustia.

Nuestras almas siempre estarán amputadas.

Sólo sabemos sangrar...

Las tripas de la venganza salpica la moral

El mundo es mercenario...¿puedes sentirlo?

¿A dónde volverás a buscar la eternidad?

No trates de escaparte de tu fin

Ya estamos muertos, ya nada cambiará.

La utopía de vivir es poder morir

Abandonar el dolor del alma.

Fuimos, somos y seremos un festín

De traición y mentiras, de vicios y fracasos.

La perfección siempre será nuestra asesina.

Sólo sabemos sangrar

Porque sangre es lo que sobra.

Sólo sabemos sangrar

Porque nadie nos perdona.

Sólo sabemos sangrar…

Porque Dios está en coma.

Breve biografía

El autor de este poema es Darío Chicaval, quien actualmente se encuentra cursando la carrera de Planificador Social en la extensión de Periodismo y Comunicación Social en Carmen de Patagones perteneciente a la Universidad Nacional de La Plata. También integra una banda de música local y fue integrante de Huilliches.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Cárceles - Segunda Parte


Por Alejandro Azaroff












Padecer el castigo del encierro

Cuando fui al Servicio Penitenciario Provincial, con un grupo de periodistas aprovechando la invitación del Defensor Adjunto del Pueblo de la provincia de Río Negro, pensaba que
iba a hacer una cobertura periodística más, era realizar una entrevista, contar lo que se ve y generar conciencia al lector sobre las malas condiciones de los presos. Al ingresar a la primera oficina y tener que brindarle mis datos al guardia, para poder entrar, me di cuenta que no era un lugar más, de los tantos que había recorrido. Estaba en una cárcel y no era poca cosa considerando que había ingresado como periodista y no como condenado.

En la primera parte de esta nota, le realicé una entrevista a Mónica Pamer y Maricel Barrientos, la titulé “Educación en las cárceles, Testigos del encierro” y salió en la edición número cuatro, en marzo de este año. Conté la historia de dos docentes que se brindaron a dar clases a los internos en el Penal de la provincia. En esta segunda parte, reflejó la situación de algunos internos, cómo viven, qué esperan y qué sienten cumpliendo una condena en la que muchas veces, en vez de ayudar a progresar a la persona lo sumerge más en ese mundo oscuro, al que todos denominamos cárceles.

El Servicio Penitenciario Provincial de Viedma, aloja a más de cien internos que deben cumplir su condena. Ciento once almas que penan por haber cometido hechos ilícitos ante la sociedad y deben cumplir con un mandato que indica que durante el tiempo que dure el castigo deben reflexionar e intentar cambiar para volver a ser parte de un sistema en el cual no se vieron integrados y recurrieron a robar, en el mejor de los casos.

Entré a la sala de visitas, un espacio amplio, con bancos acomodados en fila y uno pegado a otro, para que los guardias que vigilan desde un rincón puedan ver todos los movimientos de los presos con sus familiares. En un costado, se puede ver un mobiliario con veintiocho cajones, en columnas de cuatro, por filas de siete, cada uno con su respectivo candado.

En otro sector, sobre una pizarra unos carteles que indican los días que se recibe mercadería, lunes, martes, jueves y viernes, de ocho a diecisiete y un par de datos más con la estampa de una virgen. A un costado del salón, se observan cinco pequeños habitáculos, donde cada interno debe ser revisado antes de la visita y después de la misma.

Luego, fui hacia la huerta, que fue hecha a modo de taller y sirve para que los internos se despejen y puedan hacer alguna labor ocupando parte de su tiempo en algo productivo. Ahí estaba Vega, un interno que cumple diez años de condena por robo calificado, oriundo de General Roca, tiene a todos sus familiares en esa ciudad. Se acercó a manifestar un reclamo, el pago del peculio, o sea cobrar por trabajar.

“Cada quince días nos dan un paquete de tabaco o una tarjeta telefónica, según lo que vos elijas, porque hay que elegir una de las dos cosas”, dijo, mientras se reflejaba en su rostro el paso del tiempo y del encierro.

"El buzón"

Seguí mi recorrido, con el primer planteo a cuestas, fui al sector de “meditación”, tal cual dijeron los guardias, el denominado buzón donde se aloja a los internos con malos comportamientos. Es una celda de tres metros de largo, por dos de ancho, con una letrina y una cama angosta, es el lugar más chico de la penitenciaría donde encierran hasta quince días según la falta cometida a los sentenciados. Una de esas celdas me llamó la atención, ya que tenía dibujos de mujeres desnudas sobre una pared, los retratos eran muy buenos y evidenciaban el deseo sobre el sexo femenino, el cual se incrementa con el paso del tiempo y la nostalgia de un pasado mejor que el presente.

Salí apenado de las celdas de castigo y me dirigí a los pabellones donde están alojados todos los condenados, son tres pisos donde viven los residentes según el grado de evolución en cuanto a la estadía en el Servicio Penitenciario. En el tercer piso, se encuentran los internos de más confianza, los que realizan trabajos en los talleres y frecuentan los patios bajo la mirada de los guardias.

Caminé por el pasillo central sobre un piso de metal, a mis costados se podían ver rejas y más rejas. Las celdas, se dividían de a tres, cada tres habitaciones, una compuerta se cerraba obstaculizando el paso.

Circulé por los pasillos laterales, los cuales se encontraban inundados de ropa colgada y zapatillas tiradas a los costados. Cada celda se encuentra enumerada y al ingresar se pueden ver camas cuchetas a ambos lados de la misma y de tres a cuatro internos viviendo en ella. Entré a uno de esos calabozos, se encontraba ambientado con pósters de mujeres desnudas, de equipos de futbol, frases elocuentes como “Dios está en esta celda, aquí habita un ángel” y fotos de la Virgen María.

Pude observar varios trabajos realizados en el lugar, las diferentes artesanías, predominaban en la mayoría de las habitaciones.

Entré a otra celda, en este caso me encontré con Sergio, que tiene un problema más bien burocrático, espera una salida transitoria para fin de mes y no sabe si se la darán, porque una asistente social tiene que visitar su casa en Bariloche y ver si se cumplen las condiciones para darle ese privilegio, tendrá que esperar la oportunidad, pero es una realidad un poco más afortunada que la de sus compañeros.

A cada paso que daba, una historia nueva surgía, un hecho lamentable los había puesto en ese lugar y no tienen más remedio que esperar que el tiempo pase para poder resarcirse ante la vida y la sociedad.

En la celda 35, había una persona con un caso muy particular. Sandoval, se encuentra cumpliendo condena acusado de participar en el triple crimen de Cipolleti. El detenido dice ser un chivo expiatorio de la causa, estaba parado en la puerta de su celda, con varios papeles en su mano, contando que el día del triple crimen se encontraba finalizando una condena y quince días después de haber recuperado su libertad le abrieron una nueva causa para encubrir el triple homicidio. “La persona que ingresó al laboratorio y mató a los dos bioquímicos y a la psicóloga, según dicen, tenía de dieciséis a veintisiete años. Cuando a mi me metieron como chivo expiatorio tenía cuarenta y cinco”, comentó mientras daba vuelta uno y otro papel intentando explicar el error. Salí de esa celda con más dudas que certezas, ¿Sandoval decía la verdad o realizaba una acción desesperada tratando de llamar la atención? En fin, es otra de las historias del Servicio Penitenciario de Viedma.

Entrar por primera vez a una cárcel genera un poco de resquemor para con la vida. Esas personas que se encuentran en ese lugar, están por una mala acción y es como deben pagar, según las leyes y la sociedad. La cárcel tiene la capacidad de transformar a la persona y convertirla en un ser arrepentido, desesperado, sensible, desconfiado y disconforme con su situación. Ellos dicen ser inocentes, pero se refleja en el deseo de ser libres, debido a los padecimientos que los años les fueron otorgando y las experiencias que tuvieron que vivir dentro de ese entorno.

Seguí mí recorrido por los ruidosos pasillos, una reja se abría, otra se cerraba y los gritos de fondo que expresaban el folklore de la cárcel. Todos querían contar su situación, demostrando el padecimiento y certificando que están saldando su deuda, pero son protagonistas de un escenario que muy pocos visualizan.

No todas fueron negativas en la historia de los internos, Carlos, de la localidad de Cinco Saltos se mostró muy contento por la visita a la institución carcelaria. “Es grato este momento para nosotros, porque el hecho de estar privados de la libertad y que vengan a interiorizarse sobre nuestra situación es muy gratificante”, reiteró una y otra vez, quien no dudó en hablar frente a los micrófonos y anunciar que le resta muy poco tiempo para poder salir de ese lugar. “Estoy con la expectativa de poder salir, reinsertarme en la sociedad y dejar de hacer todas esas cosas malas que me trajeron a este lugar”, contó muy seguro de sí mismo demostrando lo que quiere en un futuro no muy lejano.

Hablé con los guardias que me acompañaron durante el recorrido, uno de ellos manifestó que hay casos que son determinantes, como el de los violadores, porque no pueden hacerse cargo del delito que cometieron. “No se hacen cargo, por eso la mayoría son reincidentes, terminan su condena, quedan libres y vuelven a cometer una violación, por eso son las personas más difíciles de reinsertar en una sociedad, porque no asumen su culpabilidad”, interpretó un agente del tercer piso.

Mientras recorría el nivel más elevado, en el patio se encontraban los internos recién llegados al Servicio Penitenciario, se asomaron por un ventanal y me preguntaban quién era y qué hacía ahí, se mostraban un poco más alterados y eufóricos que el resto de los presos. Según los guardias, son los más peligrosos, porque están en un proceso de adaptación al lugar.

Terminé de recorrer y volví sobre mis pasos por la puerta principal, saludé a los dos agentes que se encontraban en la entrada de los pabellones, bajé por las torres hacia el primer piso, giré hacia atrás para darle una última mirada a ese lugar en el que nadie quiere estar, me paré sobre la rampa de acceso y comencé a descender.

Caminé tranquilo, pero a medida que se acercaba la salida, apuraba mis pasos. Saludé al último guardia, quien me abrió la puerta. Mientras agarraba sus llaves para encajarla en la cerradura y darle media vuelta, un interno gritó, “esos son los que nos pegan”, era el último de los reclamos escuchados que cargué sobre mis espaldas. Una vez afuera, respire y agradecí no tener que vivir esa traumática situación, la de limpiar las culpas y los errores cometidos en la sociedad a través del encierro.




Cuando ser viejo es una mala palabra

Por Lorena Suárez y María Eugenia Mauna

El rol de la tercera edad es cada vez menos importante para la sociedad capitalista e individualista, a nadie les importa que puedan ofrecer si eso no da un rédito económico o material. Ya no son personas productivas para la sociedad y sufren el abandono de sus propias familias.

“Yo soy un hombre bueno, lo que pasa es que me estoy viniendo viejo,
Para que tantos años de experiencia si justo ahora me doy cuenta que no tengo”

Pappo

Toda una vida, todo un camino recorrido, miles de historias con ganas de ser contadas y la esperanza de ser escuchadas.
Para muchos la vida tiene un principio y un final, principio en cuanto a los primeros años de vidas, las primeras palabras, los primeros pasos, pero lo que esta en duda es cuando comienza el final. Como si se tratara de una etapa decliné en donde es el tiempo en que las personas comienzan a estorbar, para luego, cuando llega el verdadero punto final, extrañemos y lloremos a los que ya no están.

Estamos hablando de la llamada “tercera edad”, la cual según libros, estudiosos y licenciados patentados; afirman que comienza a partir de los 65 años. Pero creemos que la tercera edad, marca mucho más que los años acumulados, más que el rejunte de etapas vividas, se trata de un rejunte de historias y vivencias que merecen ser explotadas al máximo.

Lamentablemente también se trata de una época en la vida de una persona en donde comienzan a experimentar con la sensación de estorbo, la cual no nace sola, dado que en las últimas décadas, las sociedades se han encargado de alimentar esa idea de etapa final, idea de estorbo.

La primera incógnita fue; por qué se da este abandono hacia las personas que no nos abandonaron cuando nacimos, aquellos que nos extendieron la mano para dar nuestros primeros pasos y fueron el sostén para que no caigamos al vacío. En definitiva, por qué abandonamos a quienes nos guiaron para ser quienes somos.

Antiguamente los ancianos tenían un rol social, el cual sabemos que en la “nueva era moderna” ya se ha perdido; eran quienes nos transmitían la cultura, eran formadores y no era ofensivo decirles “viejo” o “Don”.

Los ancianos eran escuchados, encabezaban la mesa, se los respetaba; en algunas sociedades antiguas, la vejez eran un don dado a los elegidos, a los sabios de la comunidad o a los patriarcas.
Pero a mediados del siglo XX, la sociedad progresivamente fue desplazando el lugar que tenía el anciano. Se les empezó a decir abuelos, y eso ocurrió porque se empezaron a quedar sin roles sociales. Luego con la globalización, el avance de las tecnologías y las nuevas formas de organización de las sociedades, estos, al no poder adaptarse, quedaron aislados, excluidos.


Cuando las familias están ausentes…

El CO.AM.A (Comisión Amigos de los Abuelos), es una de las pocas Instituciones que trabaja con los abuelos en nuestra comarca Viedma-Patagones. La institución funciona como un centro de día, que desde el 2000 asiste a los abuelos con almuerzo y merienda, pero además con actividades recreativas y contención. En un principio el lugar funcionaba en viviendas alquiladas, pero finalmente y con mucho sacrificio, en el 2004 pudieron inaugurar su propia sede.

Es una institución sin fines de lucro, constituida por una comisión que se encarga de conseguir los fondos para poder contener a abuelos y personas adultas con problemáticas, a quienes ofrecen un almuerzo, pero fundamentalmente un lugar donde pueden encontrarse y compartir con sus pares, ya que en la mayoría de los casos, son personas abandonadas por sus familias o carecen de ella.

Ponen todo su afecto en Mary, la encargada del lugar, quien con tan sólo un plan social y la fuerza que según ella “le da el de arriba”, desde hace más de ocho años, atiende a los abuelos como si cada uno de ellos fuera su padre o madre.

Los abuelos tienen en el salón, construido con el esfuerzo de la mencionada Comisión que lograron levantar con sacrificio en el barrio Villa Rita. Canchas de bocha y tejo y una huerta que ellos mismos cuidan y la clásica partidita de la escoba de quince, antes que la comida esté servida.
Muchas de las familias no se acuerdan de ellos, no escuchan sus historias y a una vida llena de sacrificios y trabajo duro, se le suma las carencias en la vejez, económicas y afectivas.

Cada uno de los integrantes de esta familia cumple un rol, que le permite ser importante y sentirse parte dentro de la institución; desde “Flores”, encargado de alisar las canchas y repartir las alpargatas para que ningún calzado pesado pise su obra de arte, hasta Alberto quien a pesar de rezongar por ser el único que se ocupa de la huerta, siente que cada fruto que de ahí nace es obra suya.


Una vida de agradecimiento y sacrificio

Mary, luego de trabajar toda la noche con otros abuelos, llega temprano al CO.AM.A para comenzar a cocinar para los 18 abuelos que diariamente van al comedor, por lo que sabe mucho de ellos y sus diferentes realidades y habla con nostalgia del abandono que hay hacia la tercera edad.

“No hay amor de familia, si no nos enseñan a querer a nuestros propios abuelos, a los de sangre, difícilmente podremos enseñar a querer a otros abuelos, todo nace desde la familia, sin amor al prójimo estamos perdidos, se está perdiendo el respeto”, reflexiona Mary mientras revuelve un guisito de lentejas.

Mary no es socióloga, ni psicóloga, pero le sobra la experiencia para hablar de los abuelos abandonados, los cuales no siempre tienen problemas económicos; en este sentido explicó que, “yo trabajo también en un geriátrico de noche y veo como las familias van solamente a pagar la cuota mensual, que no son capaces de ir a visitar a sus propios padres” y agregó “yo me pregunto, ¿ellos no piensan que van a llegar a esa edad?

Entonces, ¿qué le dan los abuelos a Mary? ¿Qué es lo que nos estamos perdiendo? ¿Por qué no les prestamos atención a aquellas personas que forman parte de nuestra historia? Ella tenía todas las respuestas a nuestras preguntas.

“Los abuelos me dan mucha satisfacción, yo voy a seguir hasta que no pueda más, la fuerza me la da el flaco (mirando para arriba, refiriéndose a Dios), yo no voy a ninguna Iglesia pero respeto y agradezco, siento que tengo que dar una mano y devolver todo lo que la vida me ha dado”, expresó Mary.

Surgen otras cuestiones, que seguramente daría para muchas notas más, cómo una mujer que desde hace ocho años cuenta sólo con un plan trabajar, ama tanto su trabajo, a los abuelos y además está agradecida. Será seguramente el nivel de prioridades que a menudo ponemos a nuestras vidas.

Toda una vida de historias

Según nos manifiesta Mary y nos permite saber nuestra propia experiencia, los abuelos son como los chicos, tienen sus mañas y rezongan pero tienen mucho cariño para dar y muchas historias que merecen ser escuchadas.

El abuelo Flores nos recibió con mate, no nos preguntó quienes éramos, pero de inmediato comenzó a contarnos su historia, con una gran necesidad de ser escuchado. Además fue un gran anfitrión, tras los mates nos llevó a recorrer las canchas que el mismo mantiene y nos invitó a jugar un partido de bocha, obviamente nos ganó.

Nos contó que tiene muchos problemas de salud, “cada vez que voy al hospital me enfrento a los médicos diciéndoles que el título nos es suficiente para darme una respuesta a mis problemas, nunca saben que tengo, siento que el único que me mantiene vivo es Dios y mis ganas de vivir”, nos contó.

Elisa, tímida, observa como otros tres comensales juegan a las cartas, y nos cuenta entre risas, cómo llegó al comedor. Explicó que llegó como acompañante de su hermano que estaba muy enfermo, tras el fallecimiento de éste, Elisa decidió continuar en el Centro, porque según dijo, se siente cómoda en ese lugar.

Alberto, se presentó solo, salimos al patio y desde un rincón nos dijo “hola, yo soy el encargado de la huerta”, inevitablemente nos acercarnos a charlar, fue entonces cuando entre rezongos nos contó que estuvo unos cuantos días fuera de Patagones y se encontró con sus plantas secas.
“Nadie regó la huerta, se lo pasan jugando a las bochas y la baraja”, rezongó “no se dan cuenta que esto es para todos”, lentamente se distendió y nos contó que hace poco que va al CO.AM.A, que tiene poca relación con los demás abuelos, porque todavía no se conocen mucho, dijo además que tiene algunos parientes en la localidad, pero vive solo.

Estas son unas pocas de las muchas historias que hay en la institución, que nos hicieron estremecer, sobre todo cuando a Mary se le quebraba la voz tratando de dar un por qué al abandono, a la pobreza, a la indiferencia de toda una sociedad que se preocupa cada vez más por el individualismo, pensando en el futuro, sin darse cuenta que esto también es parte del futuro, por esta etapa que vamos a vivir. Desde nuestro punto de vista, esperamos que en nuestro camino se crucen muchas Mary o cualquiera de las personas de la Comisión de Amigos del Abuelo, que se esfuerzan por ayudar sin esperar nada a cambio.

Mientras tanto, este fue para nosotros, el inicio de un camino que nos lleva a la reflexión y a la puesta en marcha de la recuperación de las raíces, no las que figuran en los libros de historia, de esos héroes nacionales, sino la de aquellos que desde el trabajo y el sacrificio también la escriben y que hoy no tiene a quien contarle.